#9 María José Navia: "Me gustaría ser una gran cuentista"

Una entrevista sobre la relación sonora e impaciente con la escritura.

¡Hola! Esto es Hipergrafía, un boletín atendido por su propio dueño y que presenta entrevistas en profundidad sobre la intimidad del proceso de escritura. Gracias totales a las 253 personas que se han suscrito. Al final de este correo sugiero ideas para apoyar mi trabajo. Si crees que estas entrevistas son de interés para otras personas, reenvía este correo.

Esta quinta entrega de Hipergrafía surge de esos datos que se quedan en la cabeza. Hace un tiempo leí una entrevista a la escritora chilena María José Navia y ella decía que leía dos libros al día. Más de 700 libros al año. 

Sabía que era una lectora impresionante. La sigo en Twitter, he visto cómo comparte, comenta y difunde sus lecturas. Pero ese número se instaló en mi cabeza.

Por eso la quise entrevistar. Pero no solo para volver a esa cifra. Lo que me interesó fue ver cómo esa voracidad lectora participaba en su proceso de escritura. María José vive con, para y por los libros. Es Magíster en Humanidades y Pensamiento Social de NYU y doctora en Literatura y Estudios Culturales de Georgetown University. Fueron más de 7 años viviendo fuera de Chile y eso ha influido en su obra. Actualmente es profesora de la Facultad de Letras de la Universidad Católica de Chile.

El 2010 publicó la novela SANT con editorial Incubarte. El 2015 fue el turno del volumen de cuentos Instrucciones para ser feliz que apareció en Estados Unidos por Sudaquia, una editorial que ya habíamos mencionado en nuestra primera entrevista con Antonio Díaz Oliva. El 2017, otro volumen de cuentos: Lugar, con Ediciones de la Lumbre. El 2018, la novela Kintsugi, con Kindberg. Y el 2020, otro volumen de cuentos: Una música futura, también con Kindberg. Tanto Lugar como Kintsugi están disponibles en formato audiolibro, narrados por ella misma, en Leolento y Storytel.

Además de esas publicaciones, María José es una gran divulgadora. En su cuenta de Twitter @mjnavia recomienda diariamente, desde el 1 de enero de 2020, una escritora. Si quieres leer su hilo completo puedes empezar acá.

En esta entrevista hablamos de eso, de los libros que le han volado la cabeza, de su proceso de escritura, su relación con las palabras y de por qué se graba a sí misma para escuchar lo que ha escrito. A continuación puedes leer una versión editada y condensada de la entrevista. El audio dura casi 80 minutos y está disponible en Soundcloud y en Spotify.

Espero que la disfrutes.


—María José, muchas gracias por participar de esta entrevista de Hipergrafía. Quería comenzar preguntándote cómo has estado experimentando estos ya casi cuatro meses de pandemia. Siento especial curiosidad por saber si en esta etapa se ha mermado o se ha estimulado tu voracidad lectora.

Hola, muchas gracias por la pregunta y por invitarme. La verdad he seguido leyendo igual de vorazmente que siempre. Siempre digo que leer mucho es mi único superpoder. Yo me leo dos libros diarios aproximadamente y eso no me lo ha quitado la pandemia, la verdad. Sí me ha cambiado la forma de leer, no en términos de la cantidad, pero el tipo de cosas que leo. En estos meses he leído muchísimos más cuentos. Yo soy muy fan del género cuento, tengo muchas colecciones de cuentos, los cuentos completos de, no sé, de Cheever, de Grace Paley y de Mavis Gallant, de Adolfo Bioy Casares, de Hebe Uhart. Y he estado mucho leyendo eso, armándome mis propias antología, saltando de un cuento a otro, más que leer novelas. En ese sentido no me ha impactado tanto la pandemia. Pero sí en la escritura. Han sido tiempos de lectura muy voraz y muy veloz, pero me cuesta mucho escribir. A mí la pandemia me pilló con una novela corta casi lista y me ha costado mucho terminarla. Creo que en situaciones normales ya la habría terminado. Me ha costado volver a entrar a ese mundo y si bien sigo editando y corrigiendo cosas pequeñitas —yo soy bien obsesiva y meticulosa con eso—, sí me ha costado ya finalizarla, terminarla. Y también me pilló la pandemia con otro libro, con una novela ya más larga en sus inicios, y tampoco he podido escribir mucho de esa novela pero es una novela para la que necesito investigar un montón. 

—En distintas entrevistas has mencionado que tanto tu abuelo paterno como tu abuela materna fueron fundamentales en tu iniciación a la lectura. Me gustaría centrarme en esos momentos iniciales de la lectura y si eso coincidió con un desembarco de la escritura. 

Mi abuelo paterno era un gran lector, él siempre estaba leyendo. Y él era mi ídolo cuando chica; entonces yo lo miraba fascinada y pensaba: “Bueno, si él es mi ídolo y a mi ídolo lo que lo hace feliz son esos libros, esos objetos grandes, yo tengo que ser capaz de escribir uno”. Y en cuanto aprendí a escribir empecé a escribirle cuentos a mi abuelo. Así como otros niños les hacen tarjetas para el cumpleaños, yo le escribía cómics, unas historias ilustradas con mis dibujos, “Tata versus Batman”. Y cuando llegué con ese primer dibujo, el primer libro mío, a él le gustó tanto que lo enmarcó y lo puso en el living de la casa y quedé fascinada. Yo aprendí a escribir y me puse a escribir para mi abuelo, para hacer feliz a mi abuelo. Él era la persona en mi vida que llegaba con bolsas de libros de regalo, siempre me regalaba libros de aventuras, me regaló todos los de Julio Verne, me regaló Sandokán, La isla del tesoro, ese tipo de libro. Hasta que un día —yo siempre pienso que fue por un error— venía entremedio de todos estos libros Mujercitas y ahí me cambió la vida porque de repente estaba leyendo historias de hermanas, estaba leyendo historias donde mi personaje favorito era una chica que quería ser profesora y escritora y me sentía muy reconocida ahí y me hizo muy feliz encontrarme. Y, por otra parte, mi abuela materna no era tan lectora, para nada, pero era voluntaria y leía libros para ciegos y entonces ella grababa los libros para esta fundación y también aprovechaba de grabarme a mí libros infantiles. Entonces me regalaba el libro y me pasaba el casete —en esa época— y yo los escuchaba y me los iba aprendiendo de memoria al principio. Desde ahí me volví loca leyendo. 



—¿Hay algún momento en que se produce esa transición de la escritura más afectiva hacia una escritura quizás con más propósito, a la escritura de una autora que busca ser publicada?

Sí, a los 15 años yo me metí a un taller literario que daba Carlos Franz en la casa de José Donoso, que en ese tiempo se usaba para hacer ese tipo de actividades. Y me acuerdo que vi el anuncio —no sé si en la Revista de Libros— y algo pasó. Dije: “Quiero estar en un grupo de gente que me lea, gente que no me conoce. Quiero hacer esto más en serio”. Yo en el colegio era de las que siempre estaba escribiendo cosas. Pero a los 15 años quise salirme de ese círculo de que me leyeran las amigas o las profesoras del colegio y que me leyeran escritores. Y ya después de eso, claro, entrar a la universidad a estudiar literatura. Ahí también participé en muchos concursos. Y me iba dando cuenta de que empezaba a agarrar una voz. Otro momento importante para mí fue el año 2009, 2010, cuando me decidí a escribir SANT, que fue mi primera novela, una novela muy juvenil y que no volvería a editar jamás pero que me abrió un montón de puertas. Ese fue un momento en que me sentí más escritora. De todas formas me demoré desde el 2010 al 2015 en sacar mi siguiente libro, Instrucciones para ser feliz, que salió en Estados Unidos. Eran los años en que yo estaba haciendo el doctorado, entonces se hacía difícil estar al mismo tiempo escribiendo ficción y dedicada al doctorado y hacer clases. Me demoré y ahí fue también donde hice un cambio. Dije: “Me voy a dedicar a los cuentos en este momento”. Y es algo que después me quedó gustando. De hecho, me gusta mucho más el género del cuento que la novela. Mi siguiente novela, que es Kintsugi, es una novela tramposa, es una novela en cuentos. Luego regresé a Chile en 2016 y ahí de frentón me puse a escribir muchísimo. El 2017 salió Lugar, el 2018 salió Kintsugi y el 2019 me premiaron mi libro Una música futura con el Premio Mejores Obras Literarias que da el Ministerio de la Cultura, y ahora salió el 2020. Y ya no paro más.


Te quiero recomendar otro podcast: Tsundoku, el arte de acumular libros, conducido por Carolina Mouat. En cada entrega, un invitado o invitada elige un libro concreto para conversar sobre todo lo que rodea a su lectura: recuerdos, sensaciones, páginas y frases a las que volvemos una y otra vez. ¿Qué libros han comentado? El año del pensamiento mágico, de Joan Didion o Distancia de rescate, de Samanta Schweblin, entre otros. Puedes escuchar Tsundoku en Spotify.


—En una entrevista con Karen Codner mencionaste que uno de tus principales errores como escritora es ser demasiado impaciente, que cuando escribes algo te gustaría que estuviera publicado casi inmediatamente. ¿Hay alguna relación entre ese impulso y la preferencia que tienes por escribir cuentos?

Sí, tiene un poco de relación. Yo soy súper impaciente, como comentaba en esa entrevista, y tal vez la palabra más que impaciencia puede ser “entusiasta”. Siempre cuando termino de escribir algo quiero ya que lo lean. A mí me cuesta mucho trabajar en otros proyectos de manera seria y concentrada si es que todavía no he dejado ir al anterior. El 2010 tomé la decisión de dedicarme así más seriamente a los cuentos. Cuando llegué a Washington para hacer el doctorado en Georgetown llevaba 100 páginas de una novela sobre Mary Shelley, la autora de Frankenstein. Cuando llegué allá me di cuenta de que no iba a lograr dedicarme al doctorado y hacer mis clases y a estar en clase y a escribir la tesis y además hacer la tremenda investigación que requería una novela como la que yo quería escribir. Fue una decisión bastante pensada y me encanta escribir cuentos y pude ir escribiendo muchos cuentos y, además de ir participando en esas cosas, los fui armando como colecciones. De ahí salió Instrucciones para ser feliz, que lo publiqué en Estados Unidos, y salieron los primeros gérmenes de las historias que luego publiqué en Lugar y en Kintsugi. Me siento mucho más feliz escribiendo cuentos, me encanta escribir cuentos, estoy siempre escribiendo cuentos. Se me ocurren las historias en formato cuento. Si pudiera elegir, más que escribir la gran novela me gustaría ser una gran cuentista. No sé si va a funcionar pero por de pronto soy inmensamente feliz escribiendo cuentos, inmensamente feliz también viviendo con esa impaciencia. Creo que es como una impaciencia efervescente. 

—La periodista narrativa Arianna de Sousa leyó Una música futura y escribió un texto en el sitio web de Biblioteca Viva. Arianna tiene la siguiente pregunta: “Hola María José, cuando te leo me pasa que puedo ver la herida de la historia. Está ahí y es poderosa y se toma el texto. Sin embargo, ni siquiera en ese momento se siente visceral. Siempre es cuidado, siempre es desde una distancia como bien elegante. Y considero que tener esas ambas cosas es muy muy difícil de lograr. ¿Cuántas vueltas sueles darle un texto, cuánto tiempo, cuánta distancia?”.

Creo que depende de los cuentos. En el último cuento de Kintsugi hay algo más visceral, creo que hay cuentos en Lugar que son más viscerales. Y sin embargo, claro, siempre hay mucho cuidado. Yo me voy grabando muchas veces, me escucho una y otra vez, edito de oídas, edito después en papel. Me gusta mucho trabajar las frases, me gusta llegar al tono exacto que quiero y a la forma exacta en que quiero que se cuente algo. No tengo una distancia estándar. Algunos cuentos los escribo de una sentada y hay otros que van tomando su tiempo. Me pasó con Una música futura, que hay cuentos que los escribí de una y luego fui revisando un par de cositas, y otros que los iba trabajando de a poco durante mucho tiempo. Una música futura lo escribí en tres meses, de enero a marzo del 2019. Eso fue como la gran escritura, de ahí se fue al concurso, estuvo congelado y después ya trabajamos algunas cosas con Arantxa Martínez, la editora de Kindberg, para la publicación. No tengo un modo estándar de distancia, pero me gusta mucho profundizar en esas heridas y nombrarlas, contarlas, acercarme a ellas. Sí soy muy mañosa de que no hayan repeticiones, de que hay palabras que no me gusta como suenan y las saco, aunque sean precisas por otras razones. 

—En Kintsugi se lee lo siguiente: “Crisis es una palabra rara. Se queda igual en singular y plural”. En uno de los relatos de Una música futura aparece esto: “La palabra panda se dice igual en casi todos los idiomas”. Me interesa hablar sobre el uso que tú le das a las palabras en tu escritura. ¿Puedes profundizar un poco más en esa relación? 

Yo creo que esa atención a las palabras que tú me estás marcando con esas citas tiene que ver con dos cosas. Por una parte, yo soy profesora de literatura y estudié literatura, el pregrado, el posgrado, y creo que esa atención a las palabras forma parte de llevar años estudiando literatura. Viene de esos años de estudio y de relacionarse con el lenguaje de esa manera, con esa paciencia, con esa necesidad de observación y con ese gozo también en el lenguaje, esa felicidad de estar leyendo y de prestarle atención no sólo a lo que te están diciendo sino cómo te lo están diciendo. Y, por otro lado, creo que tiene que ver con con los años que viví en el extranjero. Yo viví dos años en Nueva York, después estuve de regreso en Chile, después volví a Estados Unidos por cinco años y un poquito más para el doctorado. Y esos años de ser extranjera en otro país también te hace relacionarte con el lenguaje de otra forma. Con el lenguaje de los otros, con el inglés en este caso, con el idioma inglés; y también empezar a pensar tu propio lenguaje de otra forma. Me pasaba mucho y en algunos de mis cuentos también está ese juego. Uno examina el lenguaje de los otros, el idioma de otros, las expresiones, la forma de comunicarse, y también, por otra parte, uno se empieza a observar también con ese mismo ojo extranjero. Creo que tener la experiencia de haber enseñado el idioma español en Estados Unidos me hizo también reencantarme con las palabras y verlas de otras formas y ver el tipo de malentendidos que pueden ocurrir. Y también las bellezas que nos traen. 



—En una entrevista en el medio Culturizarte dijiste lo siguiente sobre Kintsugi: “Fue cómo estas plantitas a las que uno les saca un pedacito y sale otra”. La periodista Daniela Jeria, de la cuenta de Instagram @leoenelcafe, tiene la siguiente pregunta: “Hola María José, quería preguntarte cuál es el personaje favorito que tú misma has desarrollado de la novela Kintsugi y si estarías dispuesta a hacerle una segunda parte o desarrollar un poco más la historia de algunos de esos personajes”.

Mis personajes favoritos de Kintsugi son tres y son los personajes que están en el eje tía-sobrina de ese libro y que, de hecho, si se fijan, son los personajes que cuentan en primera persona en ese libro. Está la tía Marcela en el primer cuento, luego está Sofía que cuenta en “Otros juegos” y luego tenemos a Ema en los dos últimos cuentos. Me gusta mucho ese vínculo entre una tía y su sobrina. Cuando se hablaba de relaciones familiares entre mujeres lo que se mostraba más que nada era la relación madre-hija o la relación entre hermanas o la relación abuela-nieta, pero no tanto la relación tía-sobrina. Y yo tengo sobrinas y sobrinos también y es un rol que vivo con mucha alegría y mucha felicidad y que me llena mucho. Sobre la pregunta de Daniela, no sé si escribiría una segunda parte. Lo que a mí me gusta hacer en mis libros es pensarlos como una conversación, como una galaxia. No pensar un libro como solo en sí mismo sino como una historia que dialoga con las otras cosas que yo he estado escribiendo. Porque desafía otras cosas que estoy escribiendo, porque continúa otras cosas que estoy escribiendo, porque lleva más lejos algunos temas que ya estaba trabajando. A lo largo de mi obra —larga, corta, como sea— siempre estoy usando los mismos personajes, estoy volviendo a traer a la página a personajes de mis cuentos anteriores. Por ejemplo, en el caso de Una música futura reaparece un personaje de Lugar, también se menciona un personaje de Kintsugi; en Kintsugi también volvemos a ciertas cosas de Lugar y en lo que yo estoy escribiendo ahora se retoman personajes de “Panda”. 

—Hablemos de tu relación sonora con la escritura. Sé que tienes como hábito grabar lo que escribes para poder después editar y reescribir. ¿Qué te aporta una lectura sonora de tu texto?

Soy lectora de audiolibros constantemente. Cuando yo hablo de todo lo que leo, leo en todos los formatos. Me gusta mucho, por supuesto, leer en papel pero disfruto un montón poder leer el audiolibro. Hace que la lectura y la literatura me puedan acompañar a lugares donde los libros en papel a veces no pueden. Cuando me preguntan por el proceso creativo creo que es lo único que puedo decir que se ha mantenido constante siempre y que me ayuda siempre. Siempre grabo ese primer borrador, luego cuando después lo trabajo y tengo una nueva versión lo vuelvo a grabar y lo vuelvo a escuchar; siempre está esa faceta del proceso de edición para mí. Y se activa todo, la verdad. Para mí es fundamental escuchar el texto, escuchar las palabras, ver cómo suenan, cómo se combinan unas con otras, cuán largo resulta leer los párrafos. Me gusta mirar esa parte de la experiencia, por eso está esa obsesión con escucharse. Y no escucharse necesariamente mirando el texto escrito, muy concentrada. Yo lo escucho como escucho los audiolibros, lo leo como leo los audiolibros: caminando por la calle, haciendo mis cosas. Algunas veces sí con el texto en frente y al final. Te vas dando cuenta en qué partes del cuento puedes ir perdiendo la atención, por ejemplo, o en qué partes del cuento las oraciones están medias toscas o hay palabras que se repiten o hay palabras no muy lindas o se te acaba el aire.

—María José, hemos llegado al final de esta entrevista de Hipergrafía. Te cedo la palabra para que puedas entregar algún consejo, alguna sugerencia. ¿Qué le recomendarías a las personas que quieran incursionar en la escritura de cuentos? 

Se me ocurren dos. El primero es recomendarles mi método. Lo único que yo creo que hago constantemente cuando escribo cuentos es grabar el texto. No solamente editar con las hojas impresas o con el texto en la pantalla, sino cambiarlo a formato audio, grabarse y escucharse por muchos días. No solo escucharse una vez y mirando el texto sino que escucharlo caminando, escuchar el texto mientras haces tus cosas y ver con qué palabras te quedas, qué palabras, que oraciones se pierden, qué información pasas por alto. Y eso sirve mucho después para volver y revisar el texto con ojos nuevos. Y por otra parte mi consejo es leer cuentos, porque yo soy de las personas que cree que para ser escritora hay que leer mucho. Mucho en serio. Mucha disciplina olímpica, digamos. Leer mucho mucho mucho. De distintos estilos, de distintos temas, de distintas épocas. Leer muchísimo. No sólo como un hobby, no solo como algo cuando tengo tiempo, sino como parte integral de lo que uno hace. Es leer y leer de todo y leer mucho, pero también es leer concentradamente y leer astutamente. Si quieren escribir cuentos les recomiendo por lo menos leer un cuento diario. Y que se convierta como algo muy cotidiano y necesario, como respirar, ¿no? Como tomar agua. Eso me parece importante. 


Muchas gracias por leer hasta acá. Esta entrevista se extendió por dos semanas: 90 minutos de conversación a través de mensajes de voz enviados por Whatsapp, más de 12 mil palabras de transcripción.

Quiero armar un tallercito virtual para compartir el método, herramientas y flujo de trabajo para hacer estas entrevistas de Hipergrafía. Si te interesa, responde este correo. Lo anuncié en Twitter y ya hay una docena de personas interesadas.

Me gustaría seguir haciendo estas entrevistas. Si te parece significativo mi trabajo, puedes aportar en Buy Me a Coffee usando PayPal. Y si estás en Chile, en Reveniu usando tarjeta de débito o crédito.

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Saludos y buenas lecturas,

Patricio Contreras